Johnny Riley, de doce años, delgado, rostro pecoso y piernas largas, apuntó con el cuchillo hacia el blanco que habÃa trazado sobre el tronco y lo lanzó. El cuchillo dio cerca del blanco y ello animó a Johnny para intentarlo otra vez. Al ir a tirar nuevamente, una sombra larga lo cubrió a él y al lugar del blanco. Johnny se volvió sobresaltado y quedóse mirando al forastero, que lo examinaba con atención. El hombre era alto, de facciones toscas, mentón acusado y ojos negros, brillantes como ascuas de fuego. —¿Vives aquÃ, muchacho? —El hombre señaló la cabaña que humeaba por la chimenea. Johnny asintió un par de veces.







Valoraciones
No hay valoraciones aún.