Bradley Alden caminó lentamente por los largos y estrechos pasillos delimitados por las estanterÃas. Justo antes de llegar a la esquina, oyó un ruido, el sonido de un cuerpo al caer al suelo y se dirigió hacia allà rápidamente. La mesa estaba vacÃa. La silla habÃa sido empujada en su contra, claramente esperando a su ocupante habitual. No habÃa nadie. Nadie allà que hubiera podido hacer tal ruido. Nadie…vivo. Un escalofrÃo atravesó su espina dorsal. QuerÃa huir de allÃ. En cambio, se acercó un poco más. Se acercó a la ventana y miró hacia afuera. La nieve caÃa suavemente sobre los tejados de la ciudad de Freeport. Era la vÃspera de Navidad, una noche de magia y paz. ‘Vete a casa.’ Bradley se sobresaltó. La voz habÃa venido justo detrás de él. Incluso antes de que se volviera, sabÃa que no habÃa nadie allÃ. Se frotó la parte posterior del cuello, todavÃa frÃo ante el susurro de aquellas palabras. ‘Quienquiera que seas,’ dijo él en voz alta, ‘no estaré aquà mucho más tiempo. Lo prometo.’







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