Poco a poco, la luz fue haciéndose mayor, pero la tormenta no disminuÃa. Los rayos, al surcar el firmamento, continuaban iluminando de cuando en cuando las dunas, y de pronto vieron ante sà la mole imponente de un gran edificio de altos y recios muros, flanqueado por cuatro torreones, dispuestos uno en cada esquina de la mansión…






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