El aspecto general, la expresión del rostro, esa mirada demasiado serena, ese rictus a la vez bondadoso e irónico de los labios… Al mirar una fotografÃa de la vitrina, el comisario Maigret tiene la sensación de haber conocido a William Brown, ese australiano antaño riquÃsimo que un buen dÃa, harto de Australia y de sus ovejas, de su familia y del dinero, decidió perderse en la indolente presa que flota en el Liberty, un bar situado a la sombra de los lujosos hoteles de Cannes…







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