Esta novela es la saga de los Montiel, tomada por el autor como paradigma, para contarnos la grandeza y el coraje de los primeros colonos que poblaron las sierras virginales de Cazorla y Segura, la epopeya rural protagonizada por ellos, estableciéndose con sus ganados y sus animales de labor, en un tiempo ya lejano en que la sierra atufaba a lobo y aún quedaban osos en la alta montaña.González-Ripoll ha sido un escritor al que le fluÃan las palabras con naturalidad de manantial. Con esa naturalidad que viene a ser un don que no se alcanza a través de serias reflexiones ni de estudios sesudos. Con frecuencia afirmaba que «cuando a uno le sale una frase profunda, de gran valor filosófico, hay que tacharla enseguida». Quizá ello se deba a que escuchó los vocablos autóctonos y los bellÃsimos giros del lenguaje serrano de Justo Cuadros, el viejo furtivo converso que fue guarda del Coto Nacional de Cazorla. A él le oyó contar las aventuras del tÃo Alejo Fernández, del tÃo Juan El Aserrador, de Pepe El Manchego de los Villares… Justo fue un magnÃfico contador de cosas sobreviviente de las durÃsimas sierras del Segura. Asà nacieron las Narraciones de caza mayor en Cazorla.Pero quizá la importancia de las «Narraciones» esté en haber servido a su autor de escuela para conocer la zona del Segura y sus gentes. Porque, después, en ese mismo ambiente, nació una novela importante: Los Hornilleros, una épica descripción de la llegada de los pioneros a aquellas ingratas tierras, impregnada de un aroma casi de «última frontera», y que da la medida de gran narrador de su autor.Esta novela narra la historia de esa proeza: la llegada y asentamiento de estos pioneros en el que, no olvidemos, sigue siendo el mayor bosque de la penÃnsula ibérica, y González-Ripoll se convierte con ello en su cronista más conspicuo.





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