Don Juan de Austria, el hijo natural de Carlos V, hermanastro de Felipe II, y, sobre todo, el héroe de Lepanto, quien en una memorable batalla naval logra derrotar, en una empresa prodigiosa, al invencible poderÃo de los turcos. Separado sin explicaciones de su anodina y apacible vida pueblerina, trasladado a Yuste, el joven se verá pronto sometido a la crueldad de las intrigas palaciegas. Por sus insalvables contradicciones su figura le sirve al autor para explorar el complejo laberinto de la interioridad humana. Por la sorprendente complejidad que presenta se podrÃa extraer de ella una poética del personaje histórico: Juan posee en sà el desgarro de una identidad quebrada y desquiciada, la de un yo solitario que un dÃa descubre, al borde de una fractura existencial, ser otro, arrancado de la seguridad del espacio conocido y cotidiano para terminar en un medio hostil, signado por la hipocresÃa. JeromÃn, el nombre conocido y familiar, va a ser sustituido por otro que le adjudicará el propio rey. Se pregunta Juan de Austria, después de perderlo: «¿Qué era ahora? ¿Quién era? ¿Quién habÃa sido durante todo el tiempo pasado? ¿Lo habÃan engañado o lo estaban engañando ahora?». Todo lo que habÃa creÃdo ser no era cierto, todo lo que iba a ser en adelante no lo podÃa imaginar por cuanto no va a depender de su voluntad sino de los designios de los otros. En medio de una verdadera conmoción el joven se pregunta: «¿No va a quedar nada de lo que he sido, de lo que he creÃdo ser hasta ahora? ¿Todo hasta entonces habÃa sido un sueño o era un sueño lo que estaba comenzando ahora?». A partir del registro de uno de los grandes momentos de la historia universal, el autor habrá de sondear con inigualable maestrÃa en lo más recóndito de esta personalidad escindida que pasa su vida oscilando entre la fantasÃa y la realidad.





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