Click-click-click-click… Clyde Burke, era todo oÃdos al sorprender el tamborileo rÃtmico de aquellos dedos. Su mano, oculta por el libro que estaba leyendo, anotó los puntos y rayas que iba sorprendiendo. Sin volver la cabeza, Clyde recorrió con la mirada el salón de fumadores del vapor Patagonia y descubrió al autor del mensaje. Un jugador de poker que daba la espalda a Burke estaba distraÃdamente levantando y dejando caer una pila de fichas que se encontraba a su lado en la mesa. Clyde podÃa ver el gesto desde su asiento. Click-click-click-click-click… Las manos de Clyde estaban atareadas; pero sus ojos se movÃan de un lado a otro de la estancia. SabÃa que en algún rincón, un hombre estaba recibiendo el mensaje que el otro le enviaba.







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