Y era allà donde estaba el horror que le habÃa paralizado al entrar, porque encima del camastro reposaba el cadáver de un hombre en plena descomposición. El hedor era nauseabundo; un hedor extraño y repugnante que le produjo náuseas.No pudo evitar un vivo sobresalto. Forzando su voluntad, se obligó a mirarlo otra vez.La cabeza estaba inmóvil, por supuesto. Suspiró, aliviado. Pero entonces, y sin lugar a dudas, captó el apenas perceptible vaivén del pecho.¡El cadáver empezaba a respirar!Ya no tenÃa dudas. El escuálido torso del cadáver se movÃa. Muy débilmente, pero respiraba, como si volviera a la vida después de haber permanecido muerto una eternidad.Evans se mordió el labio con fuerza porque sentÃa tremendos deseos de gritar. Luego, recordó que en una funda axilar llevaba su revólver de reglamento y hundió la mano bajo la solapa.Fue todo lo que hizo; algo terriblemente duro le golpeó en la nuca y todo pareció estallar a su alrededor.Cayó hacia delante, de bruces. Pero mientras caÃa, mientras se hundÃa en los abismos de la inconsciencia, aún percibió borrosamente el lento movimiento de la cabeza del cadáver, que giraba hacia él, mirándole con un solo ojo inmensamente abierto… y con el otro vacÃo, negra cavidad que parecÃa hundirse hasta las profundidades del cráneo…







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