El poder sobre la vida y la muerte es atributo exclusivo de los dioses, más de una vez cuando el hombre olvida su limitada naturaleza y, en un rapto de vanidad, osa ambicionar la inmortalidad, desafiando todo designio divino. Esta tentación tan humana —tema clásico de la literatura y la mitologÃa— cobra especial intensidad en el antiguo Egipto, un mundo enigmático y remoto que Pauline Gedge nos acerca con su habitual maestrÃa y sutileza.La autora de La Dama del Nilo recrea aquà la vida del prÃncipe Khaemuast, cuarto hijo de Ramsés II y virtual gobernante del vasto imperio faraónico. Para Khaemuast, hombre sabio y austero, el control de la administración y la vida cortesana no son sino arduas obligaciones a las que se ve arrastrado por causa de la incompetencia de su augusto padre , más interesado por la pompa y el boato que en el difÃcil ejercicio del poder. Por el contrario, la verdadera pasión del prÃncipe es la historia, la magia y la medicina, y el motivo oculto de sus desvelos es hallar el mÃtico Pergamino de Thot, para los antiguos egipcios. Cuando, en una lóbrega tumba de la llanura de Saqqara, su sueño se hace por fin realidad, Khaemuast sucumbe a su propia arrogancia y desatiende las más elementales normas de cautela. El castigo, inmediato y fulminante, adopta la forma de una seductora mujer, y el prÃncipe comprende que el precio de la inmortalidad es demasiado alto para un humano.







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