Sandy Flower corrió con todas sus fuerzas hacia la primera esquina del pueblo, y al llegar apoyó las espaldas mientras su respiración agitada producÃa un ronco jadeo. Las rodillas le temblaban incapaces de sostenerlo en pie y el temblor se transmitÃa a lo largo de su cuerpo hasta la mandÃbula, haciéndole entrechocar los dientes. Un músculo del párpado empezó a vibrarle, y se llevó la mano al ojo sin saber exactamente lo que hacÃa. En aquel momento volvió a escuchar el cántico sepulcral de la comitiva que se acercaba por la colina. Sandy tragó saliva y atisbo por la esquina, con los ojos muy abiertos, cuyo blanco se destacaba de modo acusado en su rostro negro.







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