Cuando el reino de Chile aún sufrÃa las paralizantes consecuencias del terremoto del Cristo de Mayo, regresó como inquisidor comisionado visitante el extremeño Francisco Alcázar de Romo. Encontró lo de siempre: brujos de pacotilla y judÃos herejes, o por lo menos circuncidados, sobre quienes hacer recaer el castigo ejemplificador. Sin embargo, creyó obtener el mayor logro de su vida cuando supo que media docena de damas, entre las más ricas e influyentes, practicaban pecaminosos ritos sexuales, más propios de indios que de buenos cristianos.







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