EL llamado pomposamente Hotel Imperial de San Francisco en aquella época en que el «rush» del oro se hallaba en pleno estallido, era un gran barracón de madera casi improvisado para no perder el tiempo y ponerlo en explotación. Si bien como comodidad dejaba mucho que desear, precisamente porque su dueño sólo se habÃa preocupado de, que construido sobre la marcha para no perder un dÃa en sacarle el jugo prometedor que la escasez de alojamiento brindaba, era no obstante el mejor de cuantos se abrÃan de la noche a la mañana, con objeto de acoger de algún modo a los muchos mineros y aventureros o arriesgados hombres de negocios que acudÃan al improvisado Eldorado en busca de fortuna.







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