… ahora el ataúd estaba allÃ. Era tan viejo como le habÃan dicho. Y era también una auténtica obra de arte, una pieza de museo que causaba admiración y al mismo tiempo horror.Estaba construido con ébano y plata, es decir, con elementos perdurables. Su valor debÃa resultar asombroso. Pero no era el ataúd lo que impresionaba a la muchacha, sino lo que podÃa haber dentro.Ahora ya creÃa cualquier cosa.Puesto que la habitación oblonga existÃa, puesto que el ataúd estaba allÃ, no habÃa razón alguna para que el resto no fuese verdad. No habÃa razón alguna para que dentro no estuviese uno de los descendientes de Drácula.Pero se daba cuenta de que todo aquello era irreal. Dentro del ataúd no podÃa haber nada. La leyenda tenÃa que ser falsa. Lo que le habÃan dicho en Londres tiempo atrás, tenÃa que ser mentira.Y de pronto, se detuvo.Sus ojos, que miraban fijamente la siniestra caja, se le estaban saliendo de las órbitas.Porque la tapa del ataúd… ¡se alzaba!Porque una mano estaba apareciendo por su borde.¡Una mano con un anillo negro!Estrella Farrow se llevó las manos a la boca.Era incapaz hasta de gritar.Sus facciones se desencajaban.La tapa chirrió al alzarse.La cara… ¡la cara apareció entonces ante sus ojos!¡Y los ropajes negros!¡Y sobre todo aquella mirada del otro mundo!La tapa volvió a chirriar.Ahora el ataúd se habÃa abierto del todo y la figura se alzaba poco a poco, mirando hipnóticamente a Estrella Farrow.







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