Burton sintió que una corriente de aire gélido recorrÃa sus entrañas, congelaba sus vÃsceras, helaba la sangre en sus venas.La muerte estaba allÃ, la muerte mencionada por Tabita. Los muertos habÃan salido de sus tumbas para llevarse a alguien con ellos a las tinieblas del sueño eterno. Porque eran tres cadáveres los que estaban delante de él. Los habÃa conocido en vida. HabÃa asistido a los sepelios de aquellos tres horrores que acababan de aparecer en la cabaña caminando con paso de autómatas, obedeciendo a una fuerza misteriosa, infrahumana, pero carentes de vida propia, de espÃritu.La putrefacción de los tres cuerpos llenaba la atmósfera de un olor fétido, un hedor insoportable a carne humana corrompida.Burton retrocedió. Se desorbitaron sus ojos, experimentó aquel terror que Theda habÃa vaticinado que abrazarÃa a Tony Groover como una maldición de ultratumba.Sacó su pistola cuando su espalda chocó contra la pared de troncos y vio que los tres cadáveres podridos continuaban avanzando hacia él de forma inexorable.Comprobó el cebo, echó atrás el gatillo y disparó.El estampido del arma quebró el denso silencio del paraje. La bala penetró en el pecho del juez Dangler, que iba en cabeza del horrible trÃo. Pero el cadáver siguió adelante, sin la menor conmoción, sin acusar el impacto. Y al acercarse más, extendió sus brazos hacia la garganta de Burton Conger.







Valoraciones
No hay valoraciones aún.