Mi nombre es Elle Kavanagh, y lo conocà en una confiterÃa. Él se volvió y me sonrió, y yo me sorprendà tanto que le devolvà la sonrisa. No era una tienda para niños, sino la clase de establecimiento donde una va a comprar trufas caras de importación para la mujer del jefe porque se siente culpable después de haberse dado un revolcón con él durante una conferencia en Milwaukee… hipotéticamente hablando, claro.







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