De origine et situ Germanorum («Sobre el origen y territorio de los germanos»), conocido también como Germania, describe a los germanos y su paÃs. La monografÃa tuvo que escribirse muy poco después del primer año del reinado de Trajano (98), que fue también el de su segundo consulado, pues Tácito utiliza esta fecha como referencia para calcular cuánto tiempo habÃa transcurrido desde los primeros ataques de los cimbrios. La obra es en general muy objetiva. De sus fuentes literarias Tácito solo menciona a César, pero hay que añadir a Plinio el Viejo y a otros historiadores y geógrafos. Además de la información literaria, Tácito, de quien no consta que tuviera conocimiento directo de los pueblos que habitaban Germania, debió de recopilar las narraciones orales de soldados, mercaderes y viajeros que regresaban del otro lado del Rin. Una primera parte del librito se dedica al estudio global de los germanos: geografÃa fÃsica, instituciones, vida privada y cotidiana, aspectos militares, etc. Luego, de forma más detallada, se describen las peculiaridades de cada etnia por separado. Pero no todo es objetividad en la obra. Tácito no renuncia a reflejar su visión personal de los germanos y sus relaciones con Roma. Su intención es mostrar cómo entre aquellos se seguÃan cultivando virtudes que en otro tiempo imperaron en Roma. CreÃa reconocer en ellos los viejos valores de austeridad, dignidad y valor militar que en otro tiempo poseyeron los romanos, pero que habÃan venido a menos en tiempos posteriores. Tácito ve con simpatÃa ciertas caracterÃsticas de estos pueblos: su primitivismo, proximidad a la naturaleza, pureza y rusticidad. La comparación con la Roma del momento está siempre presente de forma explÃcita o implÃcita. Y la vieja Roma no sale bien parada por su espÃritu decadente. Sin embargo, no hay que pensar que el autor profesa una admiración acrÃtica por los germanos: es consciente de sus defectos principales, como eran la afición a la bebida y el juego, la tendencia a la inactividad en tiempos de paz y la tremenda indisciplina militar. Además veÃa cómo los germanos constituÃan un peligro real para Roma, cuyo deterioro moral la incapacitaba para una defensa eficaz. Sus virtudes guerreras los hacÃan superiores a los ejércitos romanos, preocupados en muchas ocasiones por intereses que nada tenÃan que ver con la defensa del imperio. AsÃ, en el capÃtulo 37, donde se ocupa de los cimbrios, revisa todos los contratiempos que Roma habÃa sufrido por su causa desde los primeros ataques del año 113 a. C. No duda en expresar su admiración por ellos cuando los califica de «pueblo pequeño, pero enorme por su gloria»: el pueblo varias veces derrotado, pero nunca sometid
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De las costumbres, sitios y pueblos de la Germania
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