«Noera solamente que poseyera cultura, sino que los que lo rodeaban llegaban apercibir que todo lo que recordaba formaba parte de una melodÃa que entrelazabaa la persona con su circunstancia secreta.» En Paradiso,Lezama Lima engendraba un lenguaje original, puente entre el siglo de oro y lavanguardia, como entre el exceso y la justeza, el sueño y el verbo. Aquella prosaoriginaria, cabalmente paradisÃaca, encuentra en ésta la continuación de Paradiso una expresión que podrÃa llamarse másclásica: aquà los sueños se hacen realidad y los protagonistas —Foción, CemÃ,Fronesis, Oppiano e Ynaca Eco Licario— cabalgan sus destinos. Y las palabrasnacen de la fisión de vida y muerte, indescriptiblemente veraces a la vez queceremoniales. Un mundo entero estalla como una feria, como un banqueteplatónico, como un carnaval en que las letras dejan los ayunos horribles de laverosimilitud y la lógica y hasta a veces de la gramática. AsÃ, con Oppiano Licario, se cierrael dÃptico más extraordinario que haya emprendido la lengua castellana y secierra sobre sà misma, como un biombo, la obra maestra de José Lezama Lima.







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