El genial Groucho no necesita presentación —es Él, el Marx por excelencia—, máxime en una obra con originalÃsimas connotaciones autobiografÃas. AsÃ, la propia explicación inicial: «Escribà este libro durante las interminables horas que empleé esperando a que mi mujer acabara de vestirse para salir. Si hubiera andado siempre desnuda, nunca habrÃa tenido la oportunidad de escribirlo».Al final de una tan rápida como divertida sucesión de breves narraciones, llegaremos a la misma conclusión que el autor: de haberlo querido, pudo haber sido un magnate de los negocios, un jefe en el Ejército, un Hamlet en el teatro y tantas otras cosas, pero desde su más tierna infancia quedó señalado por un destino erótico.Y nuestra sonrisa se acentuará cuando pensemos también «en los airados maridos y las ninfomanÃacas que tuvo que esquivar con mayor o menor fortuna».





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