Kenmore soñaba con las estrellas, creÃa que a la Humanidad le estaba reservado el glorioso destino de la colonización de otros mundos. Por eso, cuando desde la Tierra se le comunicó la orden de que el Laboratorio Espacial debÃa cesar en sus experimentos para lograr utilizar la energÃa nuclear como elemento impulsor para las futuras naves estelares, se sintió muy defraudado. Cierto es que en la Luna las cosas iban mal, que los habitantes de la Ciudad Civil la habÃan evacuado presas del pánico causado por los criminales sabotajes de los agentes secretos de cierta potencia extranjera, y que él mismo habÃa estado a punto de morir traidoramente asesinado, pero… ¡si la Humanidad renunciaba a las estrellas, se verÃa confinada para siempre dentro de los estrechos lÃmites del sistema solar! ¡HabÃa que hacer algo! ¡Y LO HIZO…!







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