«Libertad, Seguridad, Prosperidad»: ése era el eslogan medular de Globalia, la sociedad de democracia ideal que por fin se habÃa abierto camino en el planeta Tierra. Pocos eran los que cuestionaban la verdad de estos conceptos, y también pocos eran capaces de ver más allá de aquella realidad tan cómoda y evidente. Pero un mundo aparte existÃa en el extrarradio de aquella burbuja de bienestar: una zona salvaje donde el hombre seguÃa apegado a su condición más humana, una condición casi olvidada en Globalia.






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