Fuego de marzo es la conmovedora evocación de la pubertad de un niño de entre diez y trece años quien, guiado por su mirada inquisitiva, nos conduce por el memorial de sus descubrimientos. Descubrimiento de una manera de ser y de sentir; descubrimiento de la diferencia social, emocional, erótica, estética, vital; descubrimiento, al fin, de las quemaduras producidas por un tiempo «terrible y piadoso como el fuego de marzo». Habrá quien relacione, no sin razón, estas historias con El palomo cojo, que ahora ha dado lugar a la pelÃcula de Jaime de Armiñán. Pero asà como en esta novela el escenario cerrado favorecÃa el monólogo introspectivo del niño, en Fuego de marzo, los escenarios son exteriores y la voz del niño-adolescente es cambiante y múltiple, como impregnada de los sobresaltos que causa en él la experiencia de la vida misma.







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