La noche estaba cayendo con un calor más intenso, lo recuerdo con pesar. Yo dormÃa profundamente luego de trabajar por largas jornadas y resistir las ganas de llorar porque querÃa olvidar lo sucedido; eso te deja vencida… Lo siguiente que sé fue que el frÃo del agua que se deslizó furiosa por mi rostro me quemó de una forma espantosa y la oscuridad después sobrevino. Me llevaron a rastras por el suelo que yo misma pulÃ, con las manos atadas, el rostro cubierto y la ropa de noche convirtiéndose en jirones por la fricción. Y yo solo podÃa pensar en cómo Dios me habÃa abandonado. Sentà como el camino se hacÃa eterno hasta que por fin me metieron a una habitación y escuché una puerta cerrarse y una cerradura ajustarse. Entonces una de ellas me arrebató el costal que cargaba encima y que me negaba ver lo que estaba sucediendo. La habitación en la que ahora estaba era totalmente desconocida hasta a ese momento para mÃ, varÃas de las puertas se mantenÃan cerradas con candado y yo jamás pregunté ni cuestioné hacer de su estado.







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