El Almirante habÃa desaparecido, en plena calle, en pleno dÃa y, por asà decirlo, a la vista de todo el mundo. Y el Almirante no era uno de esos tipos delgaduchos, capaces de trepar por un canalón del tejado o de pasar a través de un tragaluz, sino un personaje de panza exuberante y que pesaba sus buenos noventa kilos. Jean Dollent, ‘el pequeño doctor’, descubre por accidente que tiene una pasión y talento para el trabajo de detective. O descifrador de enigmas, como le gustaba repetir, no un detective ni mucho menos policÃa. ¿No habÃa cometido un error abandonando una vez más a su clientela de Marsilly para aceptar un reto algo ridÃculo? Porque nadie le habÃa llamado…







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