Luder, escritor ficticio, álter ego del propio Julio Ramón Ribeyro, es un personaje solitario y desencantado. «A Luder lo frecuenté mucho durante los largos años que vivió en ParÃs. Ocupaba un viejo departamento en el Barrio Latino sin más compañÃa que su criada y, por épocas, de una que otra amiga que podÃa quedarse allà sólo unos dÃas o una larga temporada. En su espaciosa biblioteca, donde pasaba la mayor parte del tiempo leyendo, escribiendo o escuchando música —tan pronto óperas de Verdi como boleros de AgustÃn Lara— recibÃa al atardecer muy irregularmente a dos o tres amigos y a los pocos jóvenes autores o estudiantes que habÃan leÃdo sus raras publicaciones. Estas veladas eran sencillas. Se bebÃa sólo vino (tinto y burdeos, sobre esto Luder era inflexible) y se hablaba de todo, sin protocolo ni concierto. Era visible que Luder encontraba un vivo placer en estas visitas, pues le permitÃan salir de su aislamiento y asomarse, aunque fuera por momentos, a una realidad que le era cada vez más extraña y, en muchos aspectos, insoportable».






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