La calma en el cementerio era total.No sobrecogÃa en absoluto la visión de las escasas tumbas a pesar del viento ululante que parecÃa arrancar lastimeros quejidos a los árboles circundantes.Sin embargo, los cuatro hombres se estremecieron cuando las linternas enfocaron la tumba de VÃctor Daugherty.La tierra amontonada a ambos lados de la fosa dejaba al descubierto gran parte del ataúd que contenÃa los restos del viejo jefe de la familia.¡El cuerpo de Fliky habÃa desaparecido!Edward murmuró unas palabras incoherentes sintiendo que las piernas se le doblaban.—Mi padre… ha vuelto —pudo bisbisear al fin.Ninguno tuvo tiempo de responder a las atónitas palabras de Edward Daugherty.En aquellos momentos, un alarido espeluznante rasgó el silencio de la noche, procedente de la mansión.



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