En la pequeña ciudad de Lucente, un miércoles cualquiera de primavera a eso de las siete menos cuarto de la mañana, una vagabunda es hallada muerta a la entrada de la iglesia del Carmelo por una limpiadora del centro de salud colindante, que le lleva antes de entrar al trabajo, como todos los dÃas, un café con leche en vaso de plástico acompañado de un bollo o un cruasán. De las manos inertes de la vagabunda resbala una estampita de Santa Genoveva con un sencillo texto impreso al dorso: «Yo escucho el clamor de todos los desamparados». Apenas una semana más tarde y sobre esa misma hora, una pareja de agentes de la policÃa encuentra el cadáver de otro vagabundo tendido en un banco del paseo. Quince dÃas después, yaciendo sobre un lecho de cartones en el suelo de un cajero automático, es descubierto un tercero y junto a él aparece de nuevo una estampita de Santa Genoveva.





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