En alta mar las fuerzas naturales se oponen a los hombres con extrema crudeza. Esta realidad aparece retratada en una novela ya clásica de nuestra literatura, a veces triste y siempre auténtica, capaz de dignificar la soledad y la miseria.Ignacio Aldecoa escribió Gran Sol después de compartir la intensa experiencia de la pesca de altura con los marineros del Cantábrico, en una «pareja» santanderina que faenaba en Gran Sol: el Puente Nansa y el Puente Viesgo, durante el verano de 1956. Eso, y la infinita maestrÃa de Aldecoa, explica el realismo de la historia.En la tripulación hay marineros gallegos y vascos, pero sobre todo cántabros (montañeses en la terminologÃa de la época). Curiosamente, mientras a vascos y gallegos se les señala explÃcitamente en el texto, a los montañeses hay que identificarles por la propia conversación entre marineros, por algunos apuntes sobre su vida o por los localismos que usan al hablar, lo que da cuenta de hasta qué punto Aldecoa aprovechó su estancia a bordo de los barcos santanderinos. Testigo del sacrificio de sus vidas, consigue acercarnos con singular talento a su dÃa a dÃa, sus conflictos laborales, sus dificultades y sus conversaciones.El Ãntimo vÃnculo entre los trabajadores del mar y la naturaleza queda al descubierto mediante un lenguaje luminoso y colorista que construye una estructura literaria de maestrÃa indiscutible.







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