El suegro de Martin Gregory era un hambre duro, un polÃticoimplicado en importantes negocios internacionales. La procedencia de su dineroera, en muchos casos, desconocida; la eficacia de su poder, evidente. Siempre habÃa odiado a Gregory, el abogado dereputación inmaculada que tuvo la desfachatez de casarse con su bienamada hija.Y tomó cumplida venganza de un modo sorprendente para todos, incluido el propioGregory. Le designo como albacea testamentario de su inmensa fortuna. De estemodo Charles Parnell Cassidy pretendÃa seguir gobernado desde la tumba. YGregory se enfrentaba a un reto cuyas dimensiones ni siquiera podÃa imaginar:en el desarrollo de sus obligaciones como albacea, habrÃa de cruzarse confinancieros sin escrúpulos, polÃticos corruptos, delincuentes de la peor calaña…En definitiva, aquel legado era una sucia jugarreta que encerraba una venganza,un desafÃo y un pasaporte para el crimen. Pero Gregory sabÃa que tenÃa que aceptar:pese a que el testamento incluÃa la posibilidad de renunciar y obtener a cambiouna suma de dinero, el abogado sabÃa que solo podÃa vencer los designios de susuegro llegando hasta el final en su emponzoñada herencia.






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