Nada habÃa de peligroso en el aspecto del insignificante sujeto. No es extraño, pues, que los que le veÃan pasar no sospechasen ni siquiera el papel que habrÃa de representar en la horrible tragedia que, pocos minutos más tarde, transformarÃa a la alegre y bulliciosa multitud en una muchedumbre caótica, loca de terror y presa del pánico. Era un individuo de reducida estatura, facciones delgadas y boca grande. Su expresión era sombrÃa. Una gorra ocultaba casi totalmente su frente. Su aspecto general era insignificante. Por lo demás, si su persona no tenÃa nada capaz de llamar la atención, tampoco la tenÃa la carga que llevaba.







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