Las luces se fundÃan en luminosa raya, vistas desde el taxi que avanzaba velozmente por la Quinta Avenida. Terry Barliss experimentó un gran placer al contemplar aquella calle, que no habÃa visto desde hacÃa una docena de años. Desvanecióse esta sensación, sin embargo, al torcer el taxi a la derecha e internarse por una bocacalle poco concurrida. Olvidó inmediatamente la aureola romántica de Manhattan. Sus pensamientos se hicieron más serios. Aquella calle señalaba el final de su viaje. Sólo unas cuantas manzanas le separaban de su punto de destino, del lugar en que habÃa de entrevistarse con su tÃo. Terry Barliss habÃa recibido, en California, un telegrama llamándole al lado de su tÃo Shattuck Barliss, a quien no habÃa visto en mucho tiempo y al que, al parecer, le quedaba muy poco tiempo de vida.







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