Manu, el aventurero que ha encontrado la fortuna, debe afrontar un salvaje duelo a muerte bajo el sol abrasador de Córcega. Es un duelo absurdo, sin sentido aparente. HabÃa liberado a la mujer que sus retadores prostituÃan, y para conseguirlo habÃa tenido que matar a los dos perros guardianes. Y no le retaban por la mujer, por haberla liberado, sino por la muerte de los perros. Porque éstos eran valiosos y a ella, a la dulce muchacha de la que Manu se habÃa enamorado, la consideraban poco menos que basura.







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