Stark aulló. Un grito extraño y penetrante que sorprendió incluso a los Isleños. Un grito que venÃa de otro mundo; el grito de unos seres subhumanos de rostros de cerdo que divisaban una presa. Los Perros del norte aullaron, larga y siniestramente. Una masa compacta de gente que se aglutinaba en la puerta, estalló en fragmentos bajo las espadas y el terror mental de los Perros. No hubo apenas resistencia. Los Thyranos cubiertos de hierro llegaron después, gruñendo y jadenado. Los Fallarins y los Tarfs se mantuvieron aparte, esperando a que acabasen el trabajo sucio. Halk blandÃa la larga espada. Solo Pedrallon iba sin armas. Como Heraldo de alto rango antes de la derrota, conoció una Ged Darod llena de orgullo y poder. Stark se preguntó cuáles serÃan sus sentimientos al ver en lo que acababa su amada ciudad.







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