El temor histeroide a las armas atómicas impregna nuestra época de un nuevo terror que, lejos ya de la superstición, vuelve, con el mismo impulso, a sobrecoger el corazón humano.Se habló, no hace mucho de «neurosis de guerra», y ya se empieza a hablar de «neurosis atómica». Todo lo humano tiende asà a encontrar una salida a su propia angustia que, es triste decirlo, en el fondo, no es más que un gran egoÃsmo disfrazados apenas de instinto de conservación.El miedo a la muerte bajo el fatÃdico sol del «hongo» monstruoso, empapa la conciencia de las gentes de toda calidad y color. Pero pocos saben que, en el caso de una nueva hecatombe, las bombas nucleares, además de sembrar la muerte y la destrucción, como cualquier clase de armas de cualquier otro tipo, tendrÃan mucho más fatales consecuencias para aquellos que tuviesen la desdicha de quedar con vida.







Valoraciones
No hay valoraciones aún.