Carol estaba dispuesta a todo por Teri, el hijo de su hermana al que hacÃa pasar por suyo, incluso a humillarse pidiendo ayuda a la familia del padre. Confiaba en encontrar un abuelo bondadoso… no al tÃo del niño, el formidable barón Rudolph Falcone, cuyo rostro marcado era tan implacable como su actitud hacia ella. Pero lo más asombroso era el modo en que aquel hombre pensaba resolver el problema de su sobrino.







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