Un hombre entraba en San Macario por la punta Sur de la calle mayor. Ancho de hombros, largo de piernas, con la espalda ligeramente encorvada por el cansancio de lo que, sin duda, habÃa sido una larga cabalgada. Rostro atezado, mirada hosca, dura, firme. Gesto viril, concentrado, impasible… pero de violencias contenidas. Manos grandes, protegidas por guantes doblados desde las muñecas. Buen caballo, un rifle «Winchester» cruzado en la silla, y dos revólveres Smith & Wesson del 44, de cuyas fundas colgaban las correas de cuero que, más tarde, al desmontar, se atarÃa por encima de las rodillas para que al sacar las armas no arrastrasen tras ella la funda.







Valoraciones
No hay valoraciones aún.