Nunca fue una niña como las demás. Ella era hija del mar, hija de la fusión y la diversidad, y guiada por su abuela que le enseñó a escuchar la voz del alma, a sentir el alboroto de la sangre y a llorar las desdichas del corazón, Ares se convirtió en una mujer que perseguÃa el sueño de ser concertista de violonchelo. Fue un camino largo en el que Ares supo de soledad, un camino en el que su corazón se agujereó por desamor, en el que supo cuánto duele la traición. Pero a golpes de notas sacadas de un violonchelo desgarrado Ares quemó el océano, hizo temblar la tierra, inundó, New York de emociones desconocidas y allà por los distintos lugares del mundo por los que pasó, dejó sabor a rabia y libertad. Es cierto que conoció el infierno pero acabó paseándose por el paraÃso de la mano de su viejo violonchelo y del único hombre que supo a qué sabÃa su piel y su alma.







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