¿A quién no le gustarÃa tener en casa a un duende? Un duendecillo revoltoso, charlatán, alegre, descarado, perezoso… Un duende pequeñito que disfruta haciendo travesuras, hablando en verso y ¡sobre todo!, atracándose de chocolate. Asà es Pumuky, el duendecillo pelirrojo que, como todos los duendes, siempre habÃa sido invisible, hasta que un dÃa se cayó en el bote de la cola del taller de un carpintero llamado Eder. Entonces, según las leyes de los duendes, Pumuky se hizo visible (¡ya os podéis imaginar el susto que se llevó el pobre carpintero!), porque cuando un duende queda atrapado en un objeto perteneciente a otra persona, se hace visible para siempre para esa persona y se tiene que quedar a vivir con ella.El carpintero Eder, después del susto, se puso contentÃsimo de tener en casa a Pumuky, que, por su parte, estaba muy desconcertado. Como siempre habÃa sido invisible, nunca habÃa tenido hambre, ni sueño, ni habÃa estornudado, y al principio, el pobre no entendÃa nada. Pero pronto empezó a encontrarse muy bien con el carpintero, que le hizo una camita, una silla y una cómoda a su medida, y la vida de los dos se convirtió en algo muy divertido, aunque Eder pasaba muchos apuros cuando tenÃa que ir a la tienda con Pumuky, y las monedas aparecÃan y desaparecÃan del mostrador, o cuando le iban a visitar sus clientes y quedaban muy asombrados al ver cómo se caÃan las cajas de clavos y las herramientas sin que nadie las empujara, al parecer, o cuando sorprendÃan a Eder hablando solo. Al menos eso creÃan, pues Pumuky seguÃa siendo invisible para todo el mundo. Y de eso se aprovechaba para hacer sus travesuras. De verdad que sus aventuras son las más divertidas que os podáis imaginar.







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