Este inoportuno «resto de tierra», decÃa Freud, citando aGoethe… Por una paradoja que comparte con el sexo, la mierda serodea de un silencio que se desconoce si no se le compara con la medida de losdiscursos que suscita. ¿Quién creerÃa, en efecto, que sobre este objeto deoprobio los hombres se hayan mostrado incansablemente locuaces, hasta elextremo de no prescindir ni de sus divinidades primitivas ni de las creenciasque los animarÃan todavÃa cuando suponÃan haberse desprendido de la barbarie?¿Quién creerÃa, por ejemplo, que por una vulgar historia de excremento, lasanta Iglesia católica haya rozado el cisma? Pero animado con banalizar: loobsceno no reside donde se imagina, cuando la mierda es también ese objeto cuyomaestro amoneda el amor de sus sujetos. Algún dÃa habrá que ir respondiendo ala pregunta «¿qué es un trono?».






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