Ella era prácticamente una princesa, él tan solo un entrenador de caballos de carreras. Pero Brian Donnelly acababa de llegar a los Estados Unidos, donde incluso podría aspirar a conquistar a la bellisima Keeley Grant. Su riqueza y posición social no disuadieron a Brian de su objetivo… ¡aunque fue la inocencia que ella le ofrecía lo que sedujo al rebelde irlandés!






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