«Después del primer dÃa, Rowan no volvió a pronunciar palabra. Se pasaba el dÃa sentada bajo la encina en un sillón de mimbre blanco, con los pies apoyados en un cojÃn, o simplemente sobre la hierba. Contemplaba la tapia, las flores o los tejos. Jamás miraba el suelo. Quizás habÃa olvidado que justo debajo de sus pies, habÃa una sepultura doble, cubierta de una espesa hierba que crecÃa rápidamente gracias a las abundantes lluvias y al potente sol primaveral de Louisiana».







Valoraciones
No hay valoraciones aún.