«Todos necesitan del acicate de un estÃmulo para vivir; para el viajero este acicate reside en cualquier sueño», decÃa Bruce Chatwin. Aquà la excusa para el sueño y para el viaje es un trozo de piel de diez centÃmetros cuadrados, entregado a su abuela, como regalo de bodas, por un primo marino, exiliado en los confines del Imperio Británico. La historia familiar creÃa que la piel era de un brontosauro, aunque fuera de color rojo y estuviera cubierta de pelo.







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