«Por pocoque se piense, qué difÃcil es abandonar la vida», le dice con dolor yresignación una vieja mujer, recluida en una ermita, a dos jóvenes que buscansu consejo para entender los misterios del amor. Corrompida por el tiempoinmisericorde, aquél que según la narradora extingue todo excepto los nombres,la mujer recuerda los miles de lechos que compartió, el sinfÃn de corazones queencendió y cuenta, sin ahorrar detalle alguno, cómo su vida sucumbió desde quesu cuerpo era como el retoño más hermoso de la flor del cerezo, hasta loscÃrculos más siniestros de las que comercian con su cuerpo. VÃctimade su propia virtud, nuestra protagonista entiende desde muy joven que sucuerpo puede ser un vehÃculo para vivir (cuán cuesta abajo el vehÃculo podrÃarodar, no lo habrÃa de entender sino hasta muy tarde). Obligada a dejar su casapara saldar una deuda contraÃda por su padre, verá desfilar ante sus ojos lainmensa codicia de los hombres y padecerá en cuerpo y alma el descenso desde lamás alta estirpe de las cortesanas hasta el inframundo de su profesión. Si comosugieren algunos en nuestro tiempo, lo que cuenta en la vida es acumularexperiencias, estamos entonces ante una de las vidas más ricas que se puedanimaginar. Una viajera incansable que se disfrazará de hombre para deleitar alos monjes en un monasterio, entrenará a un gato para que le arranque la falsa cabelleraa la señora de una de las casas a las que sirvió, consumirá la vida de hombresenteros por no dejarlos descansar un solo momento por las noches y verá cómosus dÃas se agotan cuando ni el camuflaje de la noche le consigue a un jovendespistado que quiera amenizar su velada. La novelafunciona lo mismo como una road novel que como una punzante crÃtica quedescubre la doble moral en la que estaban afincadas gran parte de las «buenasmaneras» japonesas. Saikaku hace transitar a su protagonista por todas lasesferas sociales del Japón del perÃodo Edo. Vidade una mujer amorosa esjunto con La historia de Genji uno de los relatos más hermosos de laliteratura japonesa anteriores al célebre perÃodo Meiji.







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