En el Quai des Orfevres, sede de la Policia Judicial, le llamaban «el hombre», pues ignoraban su nombre. Lo habÃan recogido en los Grands Boulevards, le interrogaron en siete idiomas, pero no contestaba. ¿PadecÃa amnesia, locura tal vez? DÃas después logran identificarlo: es un ex oficial de la Marina que trabajaba como capitán de puerto en Ouistreham, un pueblecito normando. Maigret es el encargado de acompañar al capitán a su casa y, ante ese paisaje marÃtimo difuminado por la niebla, el célebre comisario se plantea las mismas preguntas que lo asaltan al inicio de cada investigación. Nada más penetrar en la bruma, Maigret siente aflorar el miedo.





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