Hace novecientos años no se comportaban los hombres de manera muy distinta a la de hoy: santos y pecadores se confundÃan en un mismo paisaje, profetas iluminados y traficantes pÃcaros vestÃan parecido sayal, prostitutas y héroes bebÃan el mismo vino. El Camino de Santiago era en sus inicios como un yunque sobre el que Dios y el tiempo golpeaban con furia a quienes lo transitaban. Pero quizá nunca hubo en la historia un escenario tan fastuoso y mágico para representar la exaltación de la vida y el miedo a la muerte, la felicidad de la existencia y las risas del engaño.





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