Un buen dÃa, los apostadores empezarÃan a preguntarse «¿Qué se habrá hecho de Harry Arno?», y se darÃan cuenta de que no sabÃan nada de él.DesaparecerÃa, empezarÃa una nueva vida. Basta de presión. Basta de trabajar para gente a la que no respetaba. Una copita de vez en cuando. Tal vez incluso un cigarrillo al atardecer, contemplando la puesta de sol en la bahÃa. Joyce estarÃa con él. Bueno, a lo mejor. Como si no hubiera bastantes mujeres en el lugar al que se dirijÃa. Tal vez serÃa mejor que partiera él primero y se instalara. Luego, si le apetecÃa, ya la llamarÃa. Estaba esperando. TenÃa dos pasaportes con nombres distintos por si acaso. Todo estaba claro; ningún problema. Hasta aquella tarde en que Buck Torres le dijo que estaba metido en un buen follón.




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